lunes, 16 de diciembre de 2019

Posada

No sé a usted, lector, pero a mí me tocó crecer en una familia que cada año en navidad pide posada. Año tras año tomábamos velas y nos dividíamos en dos grupos, uno que se abrigaba bien para salir y cantar el escrito de una letanía donde se simula ser José y María pidiendo asilo, y otro que se queda adentro en lo calentito, y responde a las peticiones del grupo externo.

Esta curiosa costumbre tiene su origen en la tradición de recordar en qué condiciones nació Jesús, y todo lo que sus padres tuvieron que pasar para que llegara el salvador al mundo.

La palabra “posada” viene del término latín “pausare”, que significa “detenerse” o “hacer una pausa”. Pues una posada, tradicionalmente, es un lugar (al estilo hotel chiquito) en el que un viajero puede detenerse para descansar a mitad de su camino. En estas posadas uno puede comer, dormir y descansar, aunque antiguamente, también incluía servicios como alimentar al caballo (o animal en que se transportara) y recolección de provisiones.

Se menciona que José y María “pidieron posada” porque cuando María estaba por dar a luz, ellos se encontraban en Belén para empadronarse, y se vieron en la necesidad de pedir un lugar para pasar la noche.

Lamentablemente, hoy en día las posadas han pasado de ser fiestas de conmemoración bíblica, a una excusa más para beber .